Historia de la Subida a Urbasa


Aunque el puerto de Urbasa ya figuró como tramo del I Rallye Vasco-Navarro de 1960, no fue hasta mediados de aquella década cuando el Real Automóvil Club Vasco-Navarro, motivado por la falta de circuitos en Euskadi y Navarra, empezó a barajar la idea de organizar carreras en cuesta. En 1.967 se disputó la 1ª Subida a Jaizkibel que sentaría las bases de lo que en años posteriores sería el Campeonato Vasco de montaña. Tomando Jaizkibel como ejemplo, las delegaciones provinciales del Club organizaron a partir de 1968 subidas en Arrate, Opakua, San Marcial y la prueba que nos ocupa, la Subida Urbasa organizada por la delegación de Pamplona. Aquella primera edición contó con 43 inscritos, resultando vencedor Claudio Aldecoa (Austin Cooper) y contó con la primera participación femenina; Beatriz Doria (SEAT 600 Nardi) que se clasificó 22ª en la general.


la 3ª edición de 1970 ya formó parte del Campeonato de España de Conductores de Velocidad, que englobaba circuitos, subidas y rallyes. En 1971 fue incluida en el recién creado Campeonato de España de Montaña, comenzando una época dorada que se prolongaría hasta 1982, cuando dejó de ser puntuable. A partir de este momento continúa disputándose, organizada no sin dificultades por el RACVN, con carácter regional hasta 1986. en 1992 los hermanos Egozkue junto a la Escudería Purroy recuperan la prueba, que va cambiando de organizadores (Escudería San Fermín, Escudería Eguzki Sport y Escudería Mendi Racing) hasta un nuevo parón después del accidente de 2008 en el que falleció un espectador. Actualmente la prueba es organizada, con carácter regional, por la Escudería Sakana Motorsport, que la devolvió al calendario en 2011.


Aunque ha variado ligeramente con los años, actualmente el tramo tiene una longitud de 5930m y un desnivel medio del 5%, parte de las afueras del pueblo de Olazti (Navarra) y finaliza en lo alto del puerto. Cuenta con 39 curvas de las que 9 son horquillas o paellas que se concentran en su mayor parte en la zona superior del recorrido, donde la pendiente aumenta y las cunetas se convierten en muros de roca y terraplenes. Todo un reto para los pilotos, que además tienen que lidiar con la niebla y la humedad frecuentes en esta zona del trazado aunque el día esté despejado en la salida.